De la letra X ha pasado a la B, sin desdeñar la z. Pese a su decidido abandono del hard core, llamada ahora para otras empresas cinematográficas, Traci Lords continúa siendo la reina del sexo para los (porno)aficionados. Tras su despedida oficial de la pornografía en activo en 1986 con “Traci, je t´aime”, Roger Corman, infatigable productor de aguzado olfato comercial, la reclutó para “Not of this earth” (Jim Winorski, 1988; vídeo: “Vampiro del espacio”, MGM/UA), donde hace de enfermera adepta al champagne francés ya la langosta (¡Y reacia a desnudarse!), mientras que John (“Pink flamingus”) Waters le echó el ojo para interpretar un papel hecho a su medida en “Cry baby”: Wanda Woodward, la chica más sexy de la clase, exhibiendo morritos y luciendo turgencias (menos, empero, que en sus años mozos: “Desde que dejé de hacer pornos he perdido peso, unos cuatro kilos, y he crecido unos centímetros. ¡Mi imagen de rellenita ha desaparecido!”). Su objetivo parece cumplido: traspasar el umbral del cine porno sin volver atrás la mirada. Algo que sólo Marilyn Chambers ha conseguido, ya que Ginger Lynn, su compañera de generación y sin embargo, amiga, no lo tiene tan fácil; los últimos rumores apuntan a su retorno al hard core.
Su historia sufraga la convención. Nacida Nora Louise Kuzma en Stubenville (Ohio), el 7 de mayo de 1968, hija de familia de clase media, de padre severo y madre tolerante, atribulada por las penalidades económicas, a los 12 años abandona su ciudad natal con su madre y sus dos hermanas, para instalarse en las afueras de Los Angeles. De jovencita confiesa que era tímida -¡quién lo diría!- y que soñaba con ser modelo. Hizo algunos pinitos como cantante (en el film “New Wave Hookers”, junto a Ginger Lynn, nos ilustra de sus intereses vocales), que ha retornado recientemente: cantante y letrista de un LP, en la línea de The Cure y de Siouxie (“me gusta mucho Sinead O´Connor”, aclara). No amaba la escuela, era incipientemente rebelde y conociendo que su porvenir pasaba por ser enfermera (“O como mucho dependienta de Mc Donalds o de Burger King, algo que no me reconfortaba demasiado”, decide responder a un anuncio de una revista que solicita chicas guapas como modelos. Posa desnuda en varias revistas. Un reportaje publicado en Penthouse le abre las puertas de la fama. Y así nace Traci Lords. En 1984 debuta en el cine con “Those Young girls”, aliado de Ginger Lynn, donde, en cierto modo, interpretan sus vidas como dos jovencitas provincianas tentadas por la urbe, el mundo del espectáculo y el perfume de los dólares. Y sólo tenía 16 años.
Su introducción en el mundo del X se debe a los buenos oficios de Tom Byron, su novio de entonces, aunque ella lo puntualiza diciendo que fue “por mi adición irrefrenable a los hombres y al alcohol”. Y sigue: “Me gusta el sexo. Es maravilloso cuando todo funciona armoniosamente. Aunque en privado es muy distinto al cine, pendiente siempre de las marcas, la luz, la posición de la cámara, pues se hace el amor para que se vea, no para tu goce particular. Ese trabajo me permitió conocer, ahondar en mi propia sexualidad. Me considero bisexual. Me encantan las mujeres, guardo un formidable recuerdo, por ejemplo, de mi secuencia con Stacey Donovan en “Educando a Mandy”, pero prefiero a los hombres”.
Su éxito, edad aparte, proviene de la credibilidad de sus prestaciones. Transmite electricidad nada estática. El placer asoma en su rostro. Obtiene el estatuto de estrella. Esto es, en pleno auge de su poder saboreó cifras de 500.000 ptas. por jornada de trabajo; el privilegio de elegir a sus partenaires; disponía de camerino privado y de una maquilladora full time; se negaba a practicar la sodomía y el S/M; incluso se reservaba el derecho de dar el visto bueno sobre el guión, el director y técnicos.
Había fundado su propia productora y puesto a la venta una línea completa de cosméticos, cuando en eso llegó el escándalo. Sucedió en el Festival de Cannes de 1986, donde paseó su palmito, y presentó “Traci en Tokio”. El rumor de su minoría de edad al interpretar sus primeros films se convierte en legal (y perseguida) realidad -al parecer auspiciada por sus progenitores.- En la industria del sexo cunde el pánico, hasta tales extremos que algunos productores deciden rehacer sus films fílmando sus escenas con otra actriz, caso de “Talk dirty to me III”, sustituida por la pulposa Lisa de Leeuw. Mientras, su biografía “ofícial” para la NBC, bajo la batuta de Aaron Spelling sufre un retraso, su ajetreada historia es objeto de un vídeo X, “Traci´s Big Trick (1987; vídeo: Biografía de Traci Lords, ESSEX). A la espera de la biografía ya publicada en USA e inédita en España. Asimismo, recomendamos la edición de “Warm up Witch Traci Lords”, una cassette de aerobic donde demuestra estar en mejor(es) forma(s) que Jane Fonda.
Traci alterna los vídeos de ejercicios gimnásticos, los trabajos televisivos y su febril presencia en films B. Primero fue Wynorki, después aparecería en “Fast food”, de Michael A. Simpson, en calidad de estrella invitada, en un cameo de espía salida y picaruela. A continuación sobresale en Cry baby. Desde entonces su filmografía no para de crecer. A saber: “Shock en dead” (1990), con ¡Troy Donahue y Aldo Ray! , “I can handle it” (David Pritchard, 1991), “Mafia docks” (Andrea Marfori, 1990), “Total Impact” (William Burke, 1991) o “Ulterior Motives” (Michael Murphy, 1992), con Mike Norris, hijo de Chuck. A destacar en especial, su contribución en “The nutty Nut” (Adam Rifkin, 1991), donde da cuerpo a una doncella francesa que ¡no habla francés!, en “A time to die” (Charles Kangaris, 1991; vídeo: “Chantaje a un testigo”, RECORD ACCION), un thriller casposo donde hace de fotógrafa free-lance, divorciada y madre de un crío de 5 años, cuyo secuestro le obliga a cambiar la cámara por un Magnum 45 y, en fin, en “Raw Nerve” (David A. Pryor, 1990; vídeo: “Premonición”, C.B. FILMS), compartiendo cartel con ¡Glenn Ford! Su otra carrera sólo acaba de comenzar. Traci intenta recomponer su vida. Se ha casado con el diseñador de interiores Brook Yeaton y vive en Los Ángeles. Se prepara a fondo. Ha tomado clases en el prestigioso Lee Strassberg Action Institute. El cine, la música, la escritura son peldaños de su nueva trayectoria. No reniega del sexo, pues “lo que soy se lo debo a mi trabajo en la industria del sexo”. El mantenimiento del nombre artístico es una prueba irrefutable de su actitud. A sus aficionados de antiguo les cabe el consuelo de revisar sus grabaciones X, hoy difíciles de localizar en USA, pero no en España: gozarla vestida de enfermera en “Jo… con el clítoris”, venerarla en “It´s my body”, santificarla como “virgen” en “Rómpelo”, deleitarse en su mano a mano humeante con Ginger Lynn en “Cachondeos en la carretera…”, en fin, toda su filmografía es de recomendación inmediata. A Traci Lords le cabe el raro honor de haberse convertido en un mito a los 18 años. Algo que no está al alcance de cualquiera.