En Italia, el sexo y la política están unidos. Ya contrastada pornodiva, Moana Pozzi saltó a la palestra de la escena social transalpina al seguir loS pasos políticos de su colega y sin embargo amiga Ilona Staller, en arte Cicciolina, presentándose candidata a las elecciones de abril de 1992 por el Partido del Amor, último “invento” del polifacético Ricardo Schicchi. Lo cierto es que la mollar Moana ha sustituido ventajosamente en protagonismo profesional e interés político a Ilona Staller, que entre historias amorosas, embarazos y divorcios (del escultor norteamericano Jeff Koona), se ha desentendido de sus “obligaciones” como pornoestrella, dejándonos huérfanos de sus performances sexuales -aunque ya ha anunciado, tras su regreso a Italia, que piensa retomar su actividad como hardeuse.
Es de lamentar que, mientras Cicciolina salió elegida diputada en las listas del Partido Radical de Marco Pannella en 1987, convirtiéndose en la señoría más absentista del Parlamento, Moana Pozzi, más cumplidora y seria, no vio reflejada sus vindicativas proposiciones con un escaño. Su bandera era la defensa de los ancianos, los pensionistas, los enfermos y los marginados, incluidos los homosexuales. “Si soy elegida me ocuparé de las cosas que entiendo: sexualidad, deportes, salud y ecología”. Sus propuestas era de enjundia. Reparen en su gentil decálogo, los diez mandamientos “rosa” de su candidatura. “1. Hablamos de amor, pues hablemos de ello también en el Parlamento. 2. Creemos en el amor universal. 3. Regalemos la fantasía a nuestros deseos. 4. Buscamos la unión y no la división. 5. Soñamos el amor por la piel y no la piel de los animales. 6. Superemos la obscenidad que es el espejo de nuestra sociedad. 7. Apoyamos las diversidades sexuales. 8. Queremos, contra las armas, un mundo de besos. 9. Enseñemos en las escuelas a amar el amor. 10. Construyamos la Ciudad del amor”. Su resumen: sexo, amor y gimnasia. Lo suyo es predicar y dar trigo.
Piénsese en Moana Pozzi como una Cicciolina inteligente y más despierta. Presume de culta y buena lectora. Gusta de Guy de Maupassant, por ejemplo. Su figura y presencia han recibido elogios incluso de intelectuales del orden de Umberto Eco y Enzo Biagi, amén de meterse en el bolsillo a sesudos comentaristas políticos y de ser una asidua invitada de los más respetados programas televisivos italianos (nada que ver, pues, con el show de la lenguaraz Maurizia Paradiso). De hecho, y como recordarán los televidentes españoles, compareció en el programa de TVE, “Un día es un día”, donde el inefable Angel Casas le hizo una entrevista (y hasta enseñó una teta, ella, no él, en la línea de su predecesora Cicciolina).
Moana es una señora maciza, exuberante, frecuentable y devorable. No es hipermástica pero sus pechos son firmes y sus carnes prietas. Es una rubia de armas tomar. Poderosa y rotunda. Excitante y contundente. Siempre resolutiva, y una gran profesional. ¿Pasiva? Sí, pero sensual. No es una chupona superior pero traga con prestancia. No grita ni jadea estentóreamente. Su placer es interior. Acepta de buen grado todo lo que su partenaire le sugiere. Hace de todo. Admite la eyaculación facial, a los negros les saca brillo al instrumento con precisión y su competencia anal (ver “En el corazón de Nápoles”) es tan admirable como en la doble penetración (ver “Chicas de Molibú”), que practica con generosidad y a tutiplén. Incluso con transexuales bien armados se comporta como una señora, como es deleitosa cuestión en “I vizi (transessuali) di Moana”. Sólo refuta la violencia dura y el sadomasoquismo, “por cuanto este particular universo no me inspira artísticamente”.
Moana tiene 32 espléndidos años. Se confiesa católica, apasionada, solitaria y ecologista. Nació en un pequeño pueblo en los alrededores de Génova. De buena crianza, educación esmerada y familia pudiente. Su padre es ingeniero electrónico. De pequeñita ya se interesó por “10 lúdico, el juego, la comedia, el canto y el espectáculo en general”.
En ese despertar de los 80 conoció profesionalmente España, concretamente la Costa Brava: bajo el seudónimo de Slen Navarro participó en varios hard cores manufacturados por José Benazeraf, al lado de Olinka y Elena Muñoz, amén de Gabriel Pontello y Alban Ceray. Jamás empezó pero se desanimó. En su trayectoria conviene destacar su intervención como animadora de una emisión televisiva destinada ¡a la audiencia infantil! Esta notable popularidad le llevó a recibir diferentes propuestas para posar desnuda, y entonces se cruzó en su camino Ricardo Schiochi, que cambiaría su vida y su carrera. Por intermedio de su agencia Diva Futura consigue descollar: shows en vivo, espectáculo de luces y sexo, happenings eróticos… y su índice de popularidad se dispara. Ofertas crematísticamente sustanciosas la conducen al hard core y a ser la número uno. Moana Pozzi, la pornoestrella. ¿La pornografía? “Un estímulo, una diversión, una necesidad. Nada que ver con la violencia. Es una manera como otra cualquiera de acercarse al sexo”. Soltera y con compromisos variables, el hombre ideal de Moana debe ser “un poco loco e intelectual, apasionado, sensible y que separa hacer bien el amor”. Recientemente ha ampliado su radio de acción, polifacética por vocación: se dedica a la canción y acaba de publicar su autobiografía, “La filosofía de Moana”, esto es “Vive como si mañana fuera el último día y piensa como si no fueras a morir nunca”. Ha iniciado con éxito la aventura norteamericana (cfr. “Double Games I y II”, de Henri Pachard y “Mangait I y II”, de Gerard Damiano). Tiene una hermana pequeña que también hace porno, Baby Pozzi, pero menos desbordante y dotada que ella. Es un personaje -como Cicciolina- único e irrepetible. Una de las escasas estrellas europeas, suntuosa y turgente, pero, ¡ay! , poco conocida en España. Formulamos un ruego: alentar la videografía española de Moana (títulos sugeridos, para empezar: “Fántastica Moana”, “Cicciolina e Moana Mundiali”, “Supervogliose di maschi”, “Una calda Femmina de letto” o “Gola profonda II”, de G. Damiano). Moana Pozzi, un sueño prohibido (de mujer), pero una tangible realidad.